Amanda respiró profundo, quería procesar rápidamente lo que estaba pasando, en tan sólo un instante su vida perfecta se estaba derrumbando y sus malévolos planes habían quedado al descubierto.
– No sé quién demonios sean ustedes, pero no tienen ningún derecho de venir a mi casa a decirme que me vaya, tengo todo el derecho de estar aquí por ser tu esposa, Edmund, y seguramente tú no estás bien, por eso tuvimos que encerrarte en esa clínica psiquiátrica – Espetó con furia.
– Por favor, Amanda, po