Poco a poco Alexandra se había ido recuperando, mientras estuvo de reposo, todos en la casa hicieron lo necesario para que ella se sintiera cómoda, definitivamente llegar a aquella casa había resultado una gran bendición, pues ya veía a todos como parte de su familia. Cada uno ocupaba un lugar especial en su corazón, Stella el ama de llaves, las había tratado a Diana y a ella en una forma muy gentil y amable, siempre dispuesta a ayudarlas con todo lo que fuera necesario. Peter, el jardinero de