En las solitarias tardes de los días previos al otoño, el castillo de Sussex se bañaba con los tonos rojizos del atardecer. La muchedumbre escandalosa que conformaban la servidumbre, se preparaban para terminar sus labores del día y retirarse a sus dormitorios. El viento soplaba con calma y Arthur de Sussex leía aquel mensaje de texto que estaba esperando desde hacía varias horas: Adalet y los demás ya estaban a salvó en Irlanda.
Sintiendo como si un peso se le quitará de encima, el joven Duqu