Las maletas estaban ya sobre la cama, de algunas de ellas, sobresalía dinero, mucho dinero, el suficiente para vivir holgadamente y sin problemas el resto de su vida. ¿El precio?, únicamente renunciar a su hijo y heredero, Dante, el único niño que su hombría había dejado en este mundo.
Los ojos le ardían, estaban rojos, era algo natural después de haber pasado una noche llorando y bebiendo en el bar del hotel. No había tenido humor para mujeres, no había tenido deseos de caviar o manjares, tan