Aquella mañana había sido lluviosa, las rosas en los jardines estaban empapadas, llenas de roció por la tormenta de la madrugada. El cielo estaba gris, y parecía que, en cualquier momento, una nueva tormenta caería sobre el castillo.
Adalet se sentía desdichada. Había sido calumniada cruelmente, se había enterado de aquella noticia inesperada, y Dante, parecía odiarla más allá de su inocente comprensión, porque extrañaba mucho a Bastián Myers. Repentinamente, y ya sin ninguna sorpresa, la pelir