Los funerales finalmente se habían terminado.
Adalet observaba como el cuerpo de su madre, dentro de aquel ataúd, era enterrado para siempre en aquel viejo cementerio en donde los restos de su familia estaban descansando. El silencio reinaba, su pequeño Dante sollozaba en silencio recargado en el pecho de Bastián y ella, lucia inmóvil y solemne sin derramar una sola lagrima durante ese momento, aunque por dentro, sentía desmoronarse por completo.
Bastián la tomaba de la mano sin decir palabra