Los besos prohibidos y las bajas pasiones, se ocultaban en la penumbra de esa habitación. La luna se asomaba casi descaradamente por el gran ventanal del balcón, y las blancas cortinas de seda se movían ligeramente a la par del viento. Gemidos entrecortados y respiraciones agitadas, apenas eran perceptibles en el silencio de esa noche que refugiaba entre sus brazos a un par de amantes que a medias verdades se estaban entregando.
Adalet, sentía su cuerpo vibrando de pasión y deseo, al sentir la