Al bajarse, Petra miró a su alrededor con el ceño fruncido. Notó de inmediato que Nicanor, en lugar de estacionar frente a la imponente fachada principal de la casona, había rodeado el inmueble para entrar por el área de servicio.
La duda y la sospecha la asaltaron de golpe. Detuvo sus pasos antes de cruzar la puerta trasera y, apretando el sobre de manila contra su costado, cuestionó al anciano con tono cortante:
—A ver, viejo... ¿Por qué entramos por aquí y no por el frente? No tengo por qué