A unos metros de allí, agazapada detrás de una de las columnas del corredor lateral, la víbora de Petra observaba toda la escena con ojos cargados de una malicia pura. Se había quedado merodeando la casona tras la partida de Gabriel, buscando la forma de cobrarse la humillación de la noche anterior. Vio perfectamente el desespero de Leonor, el bolso de mano y cómo se internaban en los potreros.
A pesar de que odiaba a Emi, Petra no les gritó nada, ni intentó detenerlas. Cruzó los brazos sobre e