Gabriel regresó a la finca cabizbajo llevaba en su mente el rostro de Emi cargado de inocencia, mientras manejaba pensaba en lo que estaba haciendo, sabía que no era nada bueno, dio varios golpes al volante en señal de frustración.
—¡Al fin llegas solo! —soltó Petra, sentada en el sofá tomando una taza de café—. Qué te ocurre en estos días ni siquiera me has tocado, Gabriel. Han pasado semanas. Vienes con la ciega, cenas con ella luego te tomas un trago y miras el reloj como si este lugar fue