Mientras tanto, la madrugada avanzaba en la casona .
Gabriel caminaba por el cuarto regado, sintiendo que las paredes se le caían encima. De pronto, un leve movimiento cerca de las cortinas llamó su atención. Al acercarse, descubrió al pequeño conejo, Don Zanahoria, que se había quedado atrás en medio del desespero del escape. Gabriel se agachó con dificultad por el dolor de la cabeza, lo agarró con delicadeza y lo abrazó contra su pecho ensangrentado. Sentía que el animalito también estaba tri