Capítulo 167: Detrás de la mascara.
El disparo había entrado y salido a la altura del esternón, había perdido mucha sangre y uno de sus pulmones estaba comprometido. El panorama no era bueno…él podría morir. Comenzando a llorar, Julia se cubrió el rostro con ambas manos. Renato Prego no era una mala persona, no merecía morir por culpa de esa perversa mujer…el merecía otra oportunidad, el también merecía ser feliz. Incorporándose, la joven de hermoso rostro besó la frente del rubio inconsciente, y nuevamente le rogó a Dios por otra oportunidad para él.
En el mismo hospital, Maximiliano Urriaga despertaba en el pabellón de cáncer. Apenas podía respirar, se sentía exhausto, y el latido de su corazón pasmoso lo lastimaba. Aún estaba vivo.
Mirando a duras penas a su alrededor, se encontró terriblemente solo y rodeado de paredes blancas. Se había desmayado de nuevo, y el hospital debía de haber llamado a Mariana y Marcus para informarles de su lamentable estado, pero ninguno estaba allí; no le sorprendía, después de todo, a