Adanna
Observé al alfa Iron por unos minutos mientras esperaba una explicación de su parte. Él caminó por en medio de la oficina hasta que, por fin, se sentó en su escritorio.
Bueno, mi escritorio, porque estaba en la oficina que yo debería estar ocupando.
—Toma asiento, Adanna —me pidió con una seña para que me sentara en la silla que estaba enfrente.
Tragué pesado.
Me acerqué, pero me quedé parada; luego lo miré directo a los ojos.
—¿Qué es lo que estás haciendo? ¿Por qué estás violando nuest