El sistema ya no estaba completamente seguro de su propia autoridad.
Eso no se manifestó como un colapso, ni como una alarma, ni como una interrupción dramática del caso 18.
Fue algo mucho más silencioso.
Una vacilación en la obediencia del entorno.
El nuevo Ayo seguía sentado frente al expediente abierto, pero ya no actuaba como operador del proceso. Tampoco como simple ejecutor. Estaba en una tercera posición que el sistema aún no había nombrado correctamente.
Observaba.
Sin escribir.
Sin act