El sistema ya no corregía de inmediato.
Eso fue lo primero que Ayo aceptó sin emoción, sin resistencia, casi sin sorpresa. La sorpresa era un lujo que el caso 18 ya no le permitía sostener por mucho tiempo.
El nuevo Ayo seguía de pie frente al escritorio.
La pluma estaba inmóvil.
El expediente abierto.
Y entre ellos… un silencio que ya no funcionaba como ausencia, sino como espacio operativo.
Ayo lo sintió claramente: el sistema estaba esperando una decisión que antes no necesitaba.
Antes todo