—Lo siento… — Jena estaba hirviendo, aun palpitando por disfrutar de su esposo. Lista para recibirlo.
Al intentar apartarse de ella, Jena se lo impidió.
—¿Puedes terminar…? —ella se movía buscando su contacto, evitando que se apartara—no me dejes así Conan… por favor.
La recostó sobre la cama, la observo furioso y descendió por su cuerpo hasta encontrar con sus labios el paraíso palpitante y húmedo con su lengua… Jena sintió una caricia húmeda.
Y una electrizante corriente recorrer todo su cue