Su lobo nunca había sentido tanto deseo por una mujer, pero esto iba más allá de toda lógica. Era como un deseo vital. Una imploración de poder sobrevivir en este mundo solo con un beso.
—Me gustaría que se lo dijeras —trago saliva—, a quien crees que le crea a ti que eres una terapeuta con los conocimientos necesarios de manipular a tu antojo a un hombre o, a mí… que siempre he sido un buen hermano, que la sangre nos une, vamos me gustaría que se lo contras todo, hazlo ahora mismo.
Seguía int