Una semana paso, Jena estaba de pie, ocupándose del cuidado de su hijo, pero sin ningún signo de debilidad o algún reflejo de cansancio, su cuerpo habia recuperado toda fuerza y naturalidad.
En un par de horas estaba acondicionada una de la habitaciones para su bebe, con un enorme oso de felpa, una cuna de madera fina, una cómoda llena de ropa, los mellizos y Alison se encargaron de ordenarla, un enorme cesto lleno de juguetes que Derek se encargó de proveer, y una silla mecedora para que Jena