Mundo ficciónIniciar sesiónIntroducción Urania a sus veintitrés, acaba de entrar a un nuevo empleo como docente en una escuela privada conocida de la ciudad y vive ahora sola en la casa que heredó de su abuela debido al trágico asesinato de su padre a manos de su madre en una fatídica noche de abril un par de años atrás. Sumida en la soledad y evitando una posible depresión, se escuda en sus mejores amigos, una pareja moderna de mente abierta, en su inestable relación amorosa con Diego y trata de sobrellevar su vida. Su mundo gris cambia súbitamente cuando accede a alquilarle una habitación a nada más y nada menos que Roman de diecisiete años, un chico con trastorno obsesivo compulsivo, maníaco y con serios problemas emocionales, que por muchos años se han odiado mutuamente. Accede a vivir con él sabiendo que la odia, que podría traerle serios problemas por ser alumno en su escuela solo por no perder la casa de su familia, pero no tenía idea de que recibir a ese chico que por cinco años no ha hecho más que odiarla e intentar atacarla, cambiaría su vida por completo, dándole color a esos matices grises que creía que jamás podrían teñirse. Todo se complica cuando Urania empieza a tener sentimientos prohibidos hacia él que no son correspondidos. Nota: Esta es una novela de amor y romance, la segunda en la que trabajo con una chica como narradora principal. Tiene escenas +18, se recomienda discreción.
Leer másPreámbulo
-No sé qué le sucede, pero escuchó esa canción mientras cenábamos en un restaurante y se puso muy mal. –Me congelé al escuchar eso y el nudo que tenía atorado en la garganta se soltó, haciendo que las lágrimas reprimidas en mis ojos se desbordaran dejándome sin palabras. Colgué, sabía qué canción era, jamás olvidaría cual era.Observé el río negro debajo de mis botas, a unos cuarenta y cinco metros de altura y a lo lejos vi un par de barcos de carga, las luces de la ciudad se veían muy lindas desde aquí, pero yo no podía observar esa belleza por estar sumida en el llanto y la miseria. Este era el lugar perfecto para hacerlo porque sabía que no iba a sobrevivir a la caída, caer desde un puente a esta altura al río, sería igual que a caer en concreto. Rompería mis huesos y quedaría inconsciente de inmediato, creo que el dolor duraría poco menos de un segundo, así no tendría chances de sobrevivir y pasar por un momento engorroso al ver que tuve un intento de suicidio fallido. Ya tuve suficientes momentos así, como para pasar por otro, mejor hacerlo a lo seguro para no pensar más. Dios… cuánto quisiera no pensar más, no soporto más esto, no soy tan fuerte. A lo lejos en la carretera detrás de mí, se acercaban rápidamente hacia mí e inhalé fuertemente. Es el momento.Miré mi reloj, está a doce o trece segundos de llegar hasta mí, entonces me pongo de pie y sin pensarlo más, hago algo de lo que no hay vuelta atrás.
Noches inigualables.La luz esa noche no llegó. Mis amigos se fueron a las once, pero no por gusto, por ellos se hubiesen quedado, pero Mateo debía trabajar a diferencia de nosotras que no lo haríamos ese jueves ya que la directora me mandó un mensaje de texto bastante tarde diciendo que se cancelaba la clase del día siguiente porque el apagón quemó los transformadores de la escuela, probablemente el viernes tampoco haya, el daño fue grande. Pensé en irme a dormir cuando ellos se fueron, pero luego recordé lo que me dijo la señora Marlene, Roman no tolera la oscuridad, es parte de su enfermedad. Él seguía en el patio donde estaba un poco claro por la luz de la luna, pero pronto tendrá sueño y yo también tengo sueño, ¿de qué forma puedo sutil puedo decirle que durmamos en la misma habitación sin avergonzarlo? No necesa
Extrañas confesiones.Ya era mitad de semana, miércoles y esa tarde la pasé calificando exámenes y al acabar, me puse a ver una novela coreana que hace que Roman frunza el ceño cada vez que pasa y me ve viéndola, pero el a esta hora no está, suele llegar alrededor de las siete que sale de trabajar y por eso la veía a gusto, sin tener que ver su mirada de molestia. Las dos noches anteriores soñé con él, pero fueron sueños extraños. En el primero discutíamos porque usé la cocina cuando él la estaba limpiando y en el segundo, viajábamos en un tren en algún lugar frío y al pasar el rato, el recostó su cabeza en mi hombro y… no lo sé, se sintió tan real, este último fue anoche. Desperté con una extraña sensación y un hormigueo en el cuerpo que no puedo describir. Tengo miedo
Peleas.Me retorcía en mi cama ignorando mi teléfono que no dejaba de sonar, tal vez Diego regresó, no lo sé, también escuché que sonó el timbre de la puerta varias veces, pero francamente no me interesaba atender a nadie, no con este lío en la cabeza. ¿Qué carajos me sucedió hoy? Normalmente no pierdo la compostura de esa manera y no puedo excusarme diciendo que lo hice por haber estado bebiendo porque estaría mintiéndome, no bebí prácticamente nada. Estaba consciente cuando me acosté a su lado y lo estuve todo el tiempo en que estuve mirándolo. No me he detenido a pensar en el momento en que me atreví a tocarlo porque de solo recordarlo me hace sentir horrible, no debí hacer eso, no debí de verdad. Él es algo prohibido para mí, algo impensable, algo que ni siquiera puedo llegar a considerar ni siquiera en su
Extraño.Le dije que nos sentáramos en el patio porque me parece que es el lugar más agradable para beber una cerveza y conversar, aunque dudaba que pudiera tener una conversación amena con él. Me senté sobre el césped, estaba frío. Aquí muy poco entra el sol porque lo tapa los dos grandes árboles y por eso, siempre hay una temperatura fresca y agradable. Abrí una lata y bebí. Unos minutos después vi a Roman acercarse y sentarse en frente de mí. No lo hizo tan cerca, mantuvo una distancia prudente. Lo observé mientras abrió su lata y dio el primer sorbo, no arrugó la cara ni nada. No lo entiendo, ¿por qué cambió su actitud de la noche a la mañana? Lleva casi un mes entero sin hablarme y ahora sin motivo quiere beber una cerveza conmigo. ¡Ha hablado más conmigo en el trayecto a comprarlas que lo que










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