84. Sentimientos inquebrantables
Analía
—Tienes que firmar unos documentos —había dicho Mauro luego de habernos sacado del perímetro de roma y detener el auto en un terreno bastante solitario.
Pero yo no le había prestado demasiada atención a sus palabras hasta que decidió mostrarme una carpeta.
—¿Qué es esto? —Pregunté, al mismo tiempo, él parecía renuente a ofrecer demasiadas explicaciones.
Me ofreció un bolígrafo y yo lo tomé entre mis dedos. Por un instante, me acobijó el miedo.
—Son cuatro páginas, por ende, cuatro firma