85. ¿Qué se esconde detrás de un buen hombre?
Bella
Ese día lloré hasta que el amanecer me cazó despierta. Los siguientes días no fueron muy diferentes, apenas respondía con monosílabos en la mesa y volvía a mi habitación a sumirme en mi miseria.
Mientras todos dormían, soñé que la muerte me pisaba los talones. Mauro alcanzó a escuchar mi grito desgarrador y abrió la puerta sin previo aviso. No dijo nada, no hizo preguntas, tan solo se sentó en el filo de la cama y me abrazó, reiterándome su compañía.
—No permitiré que nadie te lastime, pe