63. El corazón que me robó
Analía
Hacia frio allí fuera y lloviznaba.
La ciudad desde la terraza de Emilio Praga lucia lúgubre, casi absorbente. La madrugada se dibujaba inquieta y apenas el rastro de las luces de los faroles palpitaba en las calles.
Era como si la calma estuviese esperando la llegada de la tormenta. Serena y preparando sus defensas.
Me estremecí al tiempo que se me erizaba la piel de la espalda. Hecho que cobró sentido cuando descubrí que ya no estaba tan sola como pensaba. Se escucharon pasos, pero ni