62. La mujer que amamos...
Sebastian
Isabella empujó las puertas de la habitación y se arrastró hacia el exterior mirando para todos lados. Buscaba una salida, lo que fuese que la mantuviese lejos de nosotros.
El llanto había cedido. Ahora albergaba la culpa, la incertidumbre y los miedos.
Empezó a respirar acelerada, como si buscara con fuerza una bocanada de aire que allí estaba, pero creía perdido.
Entendía perfectamente lo que estaba sintiendo. Entendía que después de las lágrimas, era momento de enfrentarse al fuert