Cuando Eloísa llegó a clase al día siguiente parecía que se hubiera transformado en una celebridad, cada estudiante se la quedaba mirando como s tuviera tres ojos y aquella situación comenzó a incomodarle. Algunos menos incautos se acercaban cautelosamente a preguntarle como había sobrevivido a toda esa travesía, y una que otra muchacha se la quedaba mirando con un desprecio inconfundible que le erizó la piel del cuello.
—¿Qué les pasa? —le preguntó a Lucía aferrándose a su brazo mientras se di