Llevaba puesto un jean azul oscuro que reafirmaba sus trabajadas piernas, una camisa blanca y encima una chaqueta color café que le hacía resaltar esos oscuros ojos.
—Uh, veo que no van a leer hoy y harán otras cositas —comentó Sara, con picardía.
—Tu cabecita está muy corrompida, Sara Gil —reprochó Jean, rodando los ojos—. ¿Nos vamos? —Me miró.
Yo me había quedado hipnotizada viéndolo, por alguna razón noté que estaba más guapo que los días anteriores. O bueno, cada vez mis ojos lo veían mejor