Me dejé llevar por los suaves labios de Jean, que se movían con delicadeza sobre los míos. La sensación era única e inexplicable.
Me había robado un beso, pero no me molestaba. Mis ojos se cerraron para disfrutar más del mágico momento en donde la sutil música llegaba a mis oídos para volverlo mucho más apasionante.
Nos separamos por falta de aire. Mi boca estaba entre abierta por lo agitada que se puso mi respiración y me concentré en ver los ojos de Jean, que emanaban un brillo inigualable gr