Los labios de Anastasia encontraron nuevamente los de Sebastián. Él la besó con deseo, como si todavía no pudiera creer que aquella mujer, la misma a la que había jurado utilizar para consumar su venganza, estuviera aferrándose a él con semejante entrega.
Anastasia deslizó lentamente las manos hasta su nuca. Sus dedos se entrelazaron entre el cabello oscuro de Sebastián, acariciándolo con una pasión que terminó de derribar la poca resistencia que aún conservaba.
Él respondió rodeando su cintu