Tres semanas más tarde.
Donato se mostraba inquieto caminaba de un lugar a otro, en su mano sostenía un vaso con licor, Bruno sentado en el borde del sofá observaba cuidadosamente a su jefe.
—¿Hiciste todo lo que te indiqué?
—Si señor, todo está preparado según las instrucciones que diste —respondió Bruno.
—La angustia me está matando, la espera no es lo mío, no puedo soportar el hecho de pensar que dentro de pocos minutos esos hijos de puta estarán sentados frente a mí.
»Como los detesto, n