— Quédate a esta niña tan molesta por el amor de dios — la voz de Trisha fue firme y despectiva — no quiero ni mirarla a la cara, no sirve para nada si este bastardo no va a hacerse cargo.
— Qué estás diciendo Trisha, no puedes dejarme a una niña así de la nada — la abuela de Hanna habló con disgusto — ya tuve suficiente contigo.
— Si no la cuidas, tú la voy a echar a la calle, ¿lo oíste?
— Eres una mala persona, Trish, no sé cómo terminaste convirtiéndote en esto — la mujer negó mirando a Hann