Me encontraba corriendo al comedor para el almuerzo con toda intención de llegar a tiempo y evitarme otra amena conversación con el príncipe, nótese el sarcasmo. Sujetaba con fuerza el libro en una de mis manos a la vez que alzaba la falda de mi vestido para evitar caerme.
Al llegar recorrí la habitación con la mirada y suspire aliviada al no encontrarlo ahí.
Bien hecho—me felicitó mi conciencia y yo sonreí recuperando el aliento caminando a paso tranquilo para dejar el libro sobre la mesa.
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