Salió del despacho, en el salón encontró a Alessa desayunando, ella notó su presencia y le miró.
—Buorgiorno. — saludó ella al verle. —¿Cómo estás?
—Bien, Grazie. — agradeció. —¿Tú has dormido algo? — ella asintió.
—¿Cómo está Franco? —preguntó por su amigo.
—Aun no he llamado, hoy iré a verle. — ella asintió.
—Yo iré al club hoy, está noche habrá más gente. — él la miró y vio como pegaba un mordisco a la tostada.
—Perfecto, yo estaré a mi hora. —sus miradas conectaron. —Te espero en el cuar