Sasha
El aire ahora era eléctrico, cargado de una energía que nunca había sentido. La niebla a nuestro alrededor parecía densificarse, formando remolinos impenetrables. El suelo mismo vibraba bajo nuestros pies, como si la tierra resonara con el latido de la criatura que esperaba, acechando en la sombra. No había más dudas: el tiempo se agotaba. Habíamos llegado al final del camino, y no había vuelta posible.
Debemos prepararnos para todo, dije, mi voz temblorosa pero firme.
Adrian se volvió ha