Sasha
Las tinieblas se espesaban a nuestro alrededor como una manta asfixiante, cada movimiento, cada aliento parecía amplificar el silencio opresivo del bosque. No había más viento, ni ruido, como si el propio mundo contuviera el aliento, esperando algo. Habíamos penetrado más profundamente en el claro, pero la extraña luz de la luna, aunque brillante, ya no bastaba para disipar las sombras. Se habían extendido, retorciéndose y plegándose sobre sí mismas, creando formas borrosas y amenazantes.