Sasha
El cañón de la pistola está apuntado hacia mí, frío, metálico, implacable. Mis muñecas están esposadas en mi espalda, mi brazo tirado hacia atrás por un guardia de mirada vacía, cuya fuerza casi aplasta mi hueso. Me falta el aliento. No por el dolor. Ni siquiera por la amenaza inminente de la muerte.
Sino porque estoy a punto de perderlo.
Adrian. El hombre de pie frente a mí. El vampiro. El traidor. Mi verdugo. Mi aliado. Mi amor.
Él sostiene el arma a la altura del hombro, pero sus manos