Morgana
El silencio es ensordecedor. La voz que se ha elevado en la sala aún resuena en mi mente, eco de una verdad esquiva. Siento el peso del instante, la gravedad de este descubrimiento que me hiela la sangre. Una extraña sensación me invade, como si esta silueta no fuera una simple presencia, sino la encarnación misma del olvido y de la memoria, de la sombra y de la luz.
Lucian permanece inmóvil a mi lado, pero sé que él siente esta misma presión invisible, esta amenaza sorda que se perfila