Lucian
El grito resuena aún en mis oídos. No es ni humano ni animal, sino algo entre ambos. Un terror puro que me invade y me bloquea los pulmones. La luz titila a nuestro alrededor, como si ella misma estuviera perturbada por esta presencia extraña, casi maligna. La atmósfera es más densa, cada aliento que tomo parece pesado por esta tensión, y el calor que emana de la habitación se transforma en un sudor frío que me perlaba la frente.
Morgane, quédate conmigo. Aprieto su mano con más fuerza, aunque sé que esta simple toma no nos protege de lo que nos espera. Sus ojos intentan captar algo en esta oscuridad infinita, pero permanece en silencio. Demasiado silencio. No responde de inmediato, como si sus pensamientos estuvieran en otra parte, absortos en el enigma de este lugar, de este grito.
Avanzamos, cada uno en nuestros pensamientos, pero siento su peso a mi lado, esa presencia constante, ese apoyo que me mantiene erguido, incluso cuando mis piernas quieren ceder. Hay que avanzar. H