Lucian
El grito resuena aún en mis oídos. No es ni humano ni animal, sino algo entre ambos. Un terror puro que me invade y me bloquea los pulmones. La luz titila a nuestro alrededor, como si ella misma estuviera perturbada por esta presencia extraña, casi maligna. La atmósfera es más densa, cada aliento que tomo parece pesado por esta tensión, y el calor que emana de la habitación se transforma en un sudor frío que me perlaba la frente.
Morgane, quédate conmigo. Aprieto su mano con más fuerza,