Morgana
El viento sopla fuerte, llevándose consigo la bruma matutina. Nos encontramos en la cima de la colina, congelados en la espera del momento en que todo cambiará. El valle frente a nosotros es vasto, su paisaje a la vez salvaje y majestuoso, como un telón de fondo para nuestra prueba. La luz del día se abre lentamente camino a través de las nubes, haciendo que cada movimiento, cada sombra, sea más significativo. Hay algo inexplicable en esta escena, una intensidad que me retuerce el estómago y me hiela la sangre.
Mira allá, Morgana... Lucian señala con el dedo, su mirada anclada en el horizonte, un destello de esperanza ardiente en sus ojos. Allí es donde todo comienza.
Giro la cabeza y finalmente veo lo que quería mostrarme. Una silueta se dibuja lentamente contra el horizonte. Al principio, pienso que es una ilusión, una aparición creando una falsa visión en esta luz extraña. Pero al concentrarme más, veo claramente la silueta de un hombre caminando solo, tan decidido como el