Morgane
No sé por qué, pero algo en el aire ha cambiado. La atmósfera parece más densa, más pesada, como si el cielo mismo estuviera conteniendo la respiración. La luz del amanecer, apenas perceptible detrás de las nubes, parece rozar nuestra piel, como una advertencia o una promesa. La promesa de una lucha, de una prueba final. Y en el fondo de mí, sé que ya es demasiado tarde para dar marcha atrás.
Lucian y yo caminamos codo a codo, pero siento que el espacio entre nosotros se amplía. No es una distancia física, sino esa sensación de incertidumbre que se cierne, lista para tragarnos. Él, sumido en sus pensamientos, parece más tenso que nunca. Cada paso que da resuena como un desafío que lanza a su propio destino.
Morgane... Su voz finalmente rompe el silencio, pero tiembla ligeramente, como una cuerda tensa a punto de ceder. No puedo volver atrás. Lo sabes, ¿verdad?
Vuelvo la cabeza hacia él. Su rostro es grave, marcado por las batallas internas que ha tenido que librar. Y, como un