Morgana
Tan pronto como cruzamos el umbral de una inmensa sala, una nueva visión se apoderó de mí.
Un fuego crepitaba en la chimenea. Las risas resonaban contra las paredes de piedra. Me vi a mí misma, vestida con un antiguo vestido, sentada cerca de Lucian. Su mirada atravesaba mi alma, y una intensa calidez me invadió. Extendió una mano, rozando mi mejilla con una ternura inquietante. Luego la imagen cambió bruscamente.
Una puerta se abrió de golpe. Dorian entró, su rostro deformado por