Parecía que desde aquella noche, Daniel y yo habíamos roto todo tipo de relación. Él no volvía a casa y yo ni siquiera le preguntaba. Incluso cuando nos veíamos en la empresa, actuábamos como si no nos conociéramos.
Paradójicamente, me sentía más libre que nunca sin él. Sofía tampoco volvió a provocarme, aunque cada vez que me veía, lucía una expresión de satisfacción. Con un hombre tan despreciable, daba igual que hubiera sido ella u otra quien me lo hubiera quitado.
En ese mundo había demasiad