Al proveedor lo conocía un poco, pero solo habían colaborado una o dos veces con el Grupo Castillo, así que no era alguien muy cercano. Cuando llegué a su empresa, era evidente que estaban muy molestos.
—Directora Álvarez, qué rara es su visita, ¿es que ahora el Grupo Castillo ya no está tan ocupado? Nuestro humilde negocio teme no poder albergar a los suyos.
Andrés Díaz me miró mientras soplaba su té y hablaba.
Sabía que en esa ocasión era culpa del Grupo Castillo, así que no quería ser demasia