Las palabras de Daniel me golpearon directo en el corazón. Después de tantos años juntos, él sabía perfectamente lo que más me importaba, por eso no se andaba con rodeos. Abrí los ojos con fuerza, luchando por no dejar escapar las lágrimas y que no se me enrojecieran.
Especialmente delante de él y de Sofía, no quería mostrarme tan frágil. Al final solo asentí con la cabeza y salí de la oficina.
Tenía razón, los asuntos del Grupo Castillo no me competían, y yo tampoco podía representar al grupo.