Rose fue dada de alta del hospital en una mañana gris que parecía una metáfora, con nubes bajas y pesadas presionando sobre la ciudad como un peso que nadie podía ver pero que todos podían sentir.
Richmond la recogió él mismo, sin chófer, sin equipo de seguridad visible, aunque ella sabía que estaban allí: sombras en otros autos, ojos vigilando desde ángulos que ella no podía predecir. Él se había vuelto paranoico en los días posteriores al ataque, o tal vez no paranoico, tal vez simplemente re