Se dispuso a cargar el vídeo, algo le decía que las cosas no andaban bien. Sintió un malestar en el estómago, pero iba conduciendo y no podía poner en peligro la vida de sus hijos en ese momento.
Respiró profundo, tratando de calmarse, y dirigió la vista a la vía. A los pocos minutos, llegaron a casa. Los niños llevaban una sonrisa en sus labios, (así como cuando sientes que tienes un héroe y nada te puede ocurrir). Así se sentían los pequeños italianos.
—Papi, —llamó la atención Fernanda mientr