Mis senos estaban muy llenos, y me dolía, las venas se marcaban alrededor de ellos por la leche materna acumulada. Realmente me dolía todo, no solo eran mis pechos, también era el alma, me dolía el alma grandemente como si me fueran arrancado la mitad de mi corazón, me sentía ahogada, quebrada, rota. Sentía que una parte en mí se había ido y estaba aterrada, aterrada de que no volviera, no volvieran.
Hacía una hora que Andrea y Fernando habían entrado al despacho mientras yo cambiaba mi ropa, po