23: Perfecta muñeca.
—Ahora mismo tengo que salir —prosiguió ella—. Lo lamento, no podré recibirlo.
—Podría acompañarte.
Massiel empezó a negar.
—No, por favor.
—"No", aquella fue la respuesta que fuiste incapaz de darme cuando te follé en mi auto.
Ella no le ofreció la expresión avergonzada que él esperaba. En realidad, de la única persona que se avergonzaba de haberse acostado, era con Emiliano. Ajeno al hecho de que solía ser su jefe, ella jamás se había permitido la imagen mental de él en su interior, aquel