Massiel vaciló cuando escuchó al hombre decir aquello, aún así, mantuvo firmeza en la respuesta que le ofreció.
—No me acostaré con usted —le escupió, queriéndose alejar de sus brazos, pero él no se lo permitió.
—Lástima por ti, pues esa es la primera petición que tengo.
—¡Pues no será cumplida! —chilló ella, rompiendo el contacto entre ambos; era una estúpida por haber aceptado lo que él le proponía, por creer que él haría todo aquello sin obtener algún beneficio—. ¡Olvide todo esto, no soy un