Mundo ficciónIniciar sesiónLa señora de los tristes es un libro de relatos urbanos que narran las vidas de varias escritoras. Alguna de ellas sufren por amores y otras por la furia escribir para obtener reconocimiento en el país como intelectuales y promotoras de la cultura.
Leer másKaia se sentó en el sofá sin ningún decoro, después de escuchar lo que le dijeron sus padres, el día de mañana sería su boda con alguien del que no tenía conocimiento y desde luego que ya todo lo habían planeado sin siquiera avisarle. Regresando de sus vacaciones se encontró con esa noticia, pensando que se trataba de una broma.
Sus padres no le podían estar haciendo eso, y ¿qué tal si ella tuviera novio? No tenía ni voz, ni voto en su propia casa. Le dolía todo lo que le estaban haciendo. Ni siquiera todos sus ahorros llegaban a una mínima parte de lo que su padre debía. La empresa estaba en bancarrota, nada la podía salvar, solo Maximus Leonardi.
–Mamá, no estoy preparada para esto, sabes mi idea sobre el matrimonio. Nadie va a aguantar mi temperamento, seré devuelta en el primer pleito que se arme.
Se sentó derecha, alineando su postura al igual que lo que había dicho, ella no era para el matrimonio. Abigaíl, miraba a su hija y por dentro estaba sufriendo por ella. No supo de los problemas de su esposo hasta que ya fue demasiad tarde y ya no podía salvar a su hija de ese matrimonio.
– ¿Por qué piensas en eso hija? Dale una oportunidad a este matrimonio, tu padre ya no puede con tantas deudas y el préstamo que ha hecho Maximus, debe pagarse, aunque sea de este modo.
La cólera invadió los sentidos de Kaia, ella había disfrutado al máximo de esas espectaculares vacaciones sin saber lo que se estaba fraguando en su contra. Su padre la había engañado mandándola lejos para que no se enterara de su bajeza.
– ¿Y tú, papá, por qué me mandaste de vacaciones sabiendo todo esto? Me engañaste, me hiciste creer que era como cualquier otra vacación. Lo tenías todo bien planeado, pues ahora no puedo hacer nada.
Darío, no supo que contestarle a su hija, pues ella tenía toda la razón, Kaia era la única que se iba a poder casar con el hijo de Maximus, tampoco era que el chico tuviera otra opción. Ambos padres estaban haciendo un pacto que incluían a sus dos pequeños hijos sin sus aprobaciones.
–Ya todo está arreglado, no nos queda más que cumplir con este acuerdo.
Estaba sentada como si la hubiera alcanzado un rayo, se encontraba paralizada de la rabia que corría por sus venas. No sabía si reír o llorar de la impotencia.
–Todo lo hicieron a mis espaldas, soy solo un cheque al portador, con la que puedes pagar esa deuda. Mamá, no me dijiste nada cuando te pregunté cómo iban las cosas y con eso me refería a todo.
Abigail no había querido faltar a su palabra, le había prometido a su esposo que no le comentaría nada a su hija, porque no habría manera de que pagaran todo lo que debían a Maximus.
–No podemos retroceder, el compromiso ya ha sido divulgado y mañana es el gran día.
Las lágrimas brotaron de los ojos de Abigaíl sin ya poderlas detener. Pero eso no era suficiente para Kaia, no soportaba que la traicionaran. Su madre sabía las consecuencias.
–No lo creo, mamá, para mí será el peor de mi vida, seré la novia más infeliz del mundo y no me culpen si las cosas no les salen bien.
No sabía cómo la iban a tratar en la casa de esas personas, no les iba a servir de mucho, era una rebelde y no se dejaría pisotear de nadie. Sus padres sabían muy bien como era y nos los estaba amenazando.
–Dentro de poco llegará Maximus, sube a arreglarte, tu prometido vendrá a verte. No quiero que te vea en esas fachas, tienes numerosos vestidos designados para este encuentro, eres una chica hermosa, cualquiera de esos vestidos resaltará tu figura y de seguro quedará encantado.
Kaia miraba a su madre y veía el esfuerzo que estaba haciendo para detener las lágrimas, la conocía perfectamente, su madre no estaba de acuerdo con esa transacción, por así llamarla.
–Te llevarás bien con el hijo de Maximus, me ha dicho que es un buen muchacho, muy trabador y es el presidente del conglomerado.
A ella no le importaba nada de eso, quería seguir estudiando y graduarse alguna vez de lo que tanto le gustaba hacer. Su sueño lo estaban contando al obligarla a que se casara con un desconocido, que ni siquiera su padre había visto.
–Que fácil ha sido para ti, ¿No, papá?, entregas a tu única hija y tu empresa sale ganando, bravo, espero que juntes muchos millones y que te duren muchos años, para que nunca más tengas que volver a venderme.
El corazón de Darío se encogió antes las palabras de su hija, ni siquiera quiso discutir el asunto con ella, pues sabía que se negaría en rotundo y su palabra era su palabra, ya había firmado con Maximus y no había modo de retroceso.
–Hija, si hubiera podido conseguir el dinero, jamás te hubiera hecho pasar por esto, perdóname, por favor.
No aceptaba sus palabras, ella se había portado bien, aunque tenía un temperamento explosivo, se sabía controlar delante de sus padres. Había sido una buena hija.
–Cuando salga mañana por esa puerta, será la última vez que me vean. Y ya no llores más, mamá, que no me he muerto todavía.
Kaia, estaba aceptando que se tendría que casar con el hijo de Maximus, ella en la vida jamás había escuchado de tales personas. Pero tendría que pagar la deuda de su padre.
Se levantó mecánicamente del sillón. Resignada subió a su alcoba, caminar hacía su habitación le costaba cada paso que daba. Se sentía como un pequeño ternero que sería llevado mañana al matadero.
No le iba a quedar de otra, se tendría que casar y esperaba que no fuera con un hombre viejo y gordo, no lo soportaría.
Entonces una idea se le cruzó por la cabeza, sus hermosos ojo se iluminaron, verían si ese estúpido prometido suyo se iba a querer casar con ella.
La fiesta convulsionaba entre ruido y gritos de borrachos enloquecidos por la música; otros expulsaban bocanadas de humo, y hablaban sin cesar. Clara en medio de la euforia se reunió con los demás a mecerse como árbol al ritmo de aquella armonía carnavalesca. Ritmo que yo era incapaz de seguir, además estaba vestida como abogado, recién salí del bufete cuando Clara me llamó para ir a la tocada de esa noche. Ahí estaba, con mi cara amargada, aun acompañada me sentía desde lo más profundo, como una vieja en su auge de cansancio mental. A pesar de las invitaciones de Clara para salir a bailar, le expliqué no me sentía bien y, no era por la cerveza, era algo más, obviamente no podía explicarle en ese momento mi malestar y, me quedé sentada viéndola bailar junto a los demá
Como hija de un predicador debía mostrarme fiel hasta la muerte. La mayoría del tiempo pasaba encerrada en mi casa. Además de las exigencias doctrinales por parte de mi padre, aun con toda esa disciplina, fui a la universidad. Ahí me dedicaba al estudio de las ciencias sociales; en principio, hubo un desacuerdo total por parte de mis progenitores. Querían que ingresara al seminario para formarme como educadora religiosa, pero les rogué me dejaran estudiar primero algo que me permitiera desenvolverme, y para descubrir otras consideraciones acerca de la palabra. Entre regaños y vituperios, llegamos a un acuerdo: primero sociología, luego teología. Cuando llegué al primer día de clases, me sentí como una extraña entre todos aquellos muchachos que parecían intelectuales y habían vivido más que yo en el m
Terminar la licenciatura de derecho era mi única tarea; en primer lugar, porque debía llenar de orgullo a mis padres y, lo demás, para aprender a vivir, es decir, enfrentar la realidad. Múltiples formas de amargura se presentaron en mi juventud, no quería continuar mis estudios; era una tortura intelectual porque mis intereses era terminar un poemario, pero un poemario distinto a los de mi generación. La mayoría imitadores de poetas rancios o peor aún, de borrachos y locos. La mejor imitación que se puede lograr es leer lo que ellos leyeron, no se trata de la rutina maldita de tomar licor hasta provocarse un coma etílico; es que no existe otra manera, como dije, la lectura es fundamental para escribir, por eso era incapaz de terminar mi poemario. Habían demasiadas lecturas pendientes y, eso me provocaba ansiedad; quería leerlo
La señora de los tristesLos murciélagos en el estómago y las columnas apocalípticas son el tema principal de su obra, no hay cumplido los cuarenta, pero sus poemas avistan a una señora de abundantes penurias y dolores. Más allá de las calamidades existenciales, ha tenido varios perros y gatos más que mascotas, miembros de su familia. La última vez que hablamos me dijo acerca de la muerte de Ernesto, pensé en mi amigo periodista de La Prensa, y le pregunté si se trababa de él, pero en llantos me dijo que era un idiota por no recordar el nombre de sus perros. Ernesto era un perro mestizo, la señora de los tristes lo rescató de morir en un cauce, además de Alfredo (un alemán), Jorge (un pequinés), Rodolfo (otro pequinés), bueno, la lista aumenta según los a&
Una forma excelsaEl siguiente intercambio de correos entre mi amiga y su novio, más allá del amor entre ellos, cuando ella me los compartió, encontré valor artístico, y le solicité publicarlo.. Durante años pensé que las relaciones debían evolucionar a una desmitificación debido al exacerbado ideal que se sostiene cuando uno es joven. Sin embargo, cada quien es dueño de su salud mental. Dejo aquí la transcripción de los correos con permiso de mi amiga.Febrero 17 de 2016De: FlaviaMrt94@gmail.comPara: Pblurtecho@gmail.comAsunto: Amor míoSé de memoria el recorrido de tu piel, a un mes de tu partida, me siento abatida, necesito estar acostada en tu pecho, tu olor me enciende y a veces me envuelvo en un éxtasis de horas que solo me interrumpe la cotidianeidad. Concertamos escribirnos por correo el
Los preceptos hipócritas y la agonía de una sociedad en decadencia, para mí es un vómito superior a la moralidad religiosa. No hay mayor simpleza que la neblina en la mente de los fariseos. En cuanto a Marvin Sotelo, el famoso pintor que vive en claustro debido a sus necesidades artísticas, conviene decir que representa la gloria suprema del hombre animado a deslumbrar con sus cuadros la esencia verdadera de la humanidad. Sus solicitudes eran claras: dibujar desnudos de muchachitas en plena edad de flor. Convencida de su esplendor, y por recomendación de un amigo, decidí mostrarme ante él para inmortalizarme a través de la captura pictórica. Nunca sentí una morbosidad de su parte, todo lo contrario, es un ser de luz entre tanta inmundicia y censura banalizada por la estupidez.Fue un 19 de septiembre de 2015 cuando llegué





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