El juego perdido

El juego perdido

Mi tío Leonardo Dávila en su juventud fue un ajedrecista con grandes aspiraciones, aunque sus sueños como Gran Maestro (un sueño que muchos tienen, tal vez una locura) fueron truncados por la guerra de los ochenta, después del Servicio Militar siguió jugando, sin embargo, los estragos mentales le impidieron un entrenamiento disciplinado. Trabajó para el Estado Mayor, y al finalizar el gobierno sandinista

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