Narrado por Aiden
El amanecer trajo consigo una calma engañosa. El fuego en la chimenea se había reducido a brasas ardientes, y la cabaña estaba sumida en una penumbra cálida. Podía sentir el cuerpo de Anya contra el mío, su respiración acompasada, su piel tibia rozando la mía. Por un instante, quise creer que todo estaba bien, que las sombras no nos acechaban, que el peligro había quedado fuera de esta burbuja de calor y deseo.
Pero no era así. Sabía que la paz era efímera, una ilusión que se